Eso fui. Una suerte de botella echada al mar. Botella sin mensaje. Menos
nada. Nada menos. O tal vez una primavera que avanzaba a destiempo.
O un suplicante desde el Más Acá. Ateo de aburridos sermones y
supuestos martirios.
Eso fui y muchas cosas más. Un niño que se prometía amaneceres con
torres de sol. Y aunque el cielo viniera encapotado, seguía mirando hacia
delante, hacia después, a renglón seguido. Eso fui, ya menos niño,
esperando la cita reveladora, el parto de las nuevas imágenes, las
flechas que transcurren y se pierden, más bien se borran en lo que
vendrá. Luego la adolescencia convulsiva, burbuja de esperanzas, hiedra
trepadora que quisiera alcanzar la cresta y aún no puede, viento que nos
lleva desnudos desde el suelo y quién sabe hasta (y hacia) dónde.
Eso fui. Trabajé como una mula, pero solamente allí, en eso que era
presente y desapareció como un despegue, convirtiéndose mágicamente
en huella. Aprendí definitivamente los colores, me adueñé del insomnio, lo llené de memoria y puse amor en cada parpadeo.
Eso fui en los umbrales del futuro, inventándolo todo, lustrando los
deseos, creyendo que servían, y claro que servían, y me puse a soñar lo
que se sueña cuando el olor a lluvia nos limpia la conciencia.
Eso fui, castigado y sin clemencia, laureado y sin excusas, de peor a
mejor y viceversa. Desierto sin oasis. Albufera.
Y pensar que todo estaba allí, lo que vendría, lo que se negaba a
concurrir, los angustiosos lapsos de la espera, el desengaño en cuotas,
la alegría ficticia, el regocijo a prueba, lo que iba a ser verdad, la
riqueza virtual de mi pretérito.
Resumiendo: el porvenir de mi pasado tiene mucho a gozar, a sufrir, a
corregir, a mejorar, a olvidar, a descifrar, y sobre todo a guardarlo en el alma como reducto de última confianza.
viernes, 6 de septiembre de 2013
domingo, 4 de agosto de 2013
Ausencia de Dios
Digamos que te alejas definitivamente
hacia el pozo de olvido que prefieres,
pero la mejor parte de tu espacio,
en realidad la única constante de tu espacio,
quedará para siempre en mí, doliente,
persuadida, frustrada, silenciosa,
quedará en mí tu corazón inerte y sustancial,
tu corazón de una promesa única
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.
Después de ese dolor redondo y eficaz,
pacientemente agrio, de invencible ternura,
ya no importa que use tu insoportable ausencia
ni que me atreva a preguntar si cabes
como siempre en una palabra.
Lo cierto es que ahora ya no estás en mi noche
desgarradoramente idéntica a las otras
que repetí buscándote, rodeándote.
Hay solamente un eco irremediable
de mi voz como niño, esa que no sabía.
Ahora que miedo inútil, qué vergüenza
no tener oración para morder,
no tener fe para clavar las uñas,
no tener nada más que la noche,
saber que Dios se muere, se resbala,
que Dios retrocede con los brazos cerrados,
con los labios cerrados, con la niebla,
como un campanario atrozmente en ruinas
que desandara siglos de ceniza.
Es tarde. Sin embargo yo daría
todos los juramentos y las lluvias,
las paredes con insultos y mimos,
las ventanas de invierno, el mar a veces,
por no tener tu corazón en mí,
tu corazón inevitable y doloroso
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.
hacia el pozo de olvido que prefieres,
pero la mejor parte de tu espacio,
en realidad la única constante de tu espacio,
quedará para siempre en mí, doliente,
persuadida, frustrada, silenciosa,
quedará en mí tu corazón inerte y sustancial,
tu corazón de una promesa única
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.
Después de ese dolor redondo y eficaz,
pacientemente agrio, de invencible ternura,
ya no importa que use tu insoportable ausencia
ni que me atreva a preguntar si cabes
como siempre en una palabra.
Lo cierto es que ahora ya no estás en mi noche
desgarradoramente idéntica a las otras
que repetí buscándote, rodeándote.
Hay solamente un eco irremediable
de mi voz como niño, esa que no sabía.
Ahora que miedo inútil, qué vergüenza
no tener oración para morder,
no tener fe para clavar las uñas,
no tener nada más que la noche,
saber que Dios se muere, se resbala,
que Dios retrocede con los brazos cerrados,
con los labios cerrados, con la niebla,
como un campanario atrozmente en ruinas
que desandara siglos de ceniza.
Es tarde. Sin embargo yo daría
todos los juramentos y las lluvias,
las paredes con insultos y mimos,
las ventanas de invierno, el mar a veces,
por no tener tu corazón en mí,
tu corazón inevitable y doloroso
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.
lunes, 1 de julio de 2013
Etapa: uno, dos, tres, cuatro. FIN
26 de Enero
Pueda ser que me encuentres,
En la nota que pasa desapercibida en la melodía cotidiana de tu
vida.
Pueda ser que me encuentres,
En la hoja que pises inerte cuando te abrace el otoño.
Pueda ser que me encuentres,
Abrazándote el cuello, rozándote el mentón,
Cual bufanda opaca en el hostil invierno.
Pueda ser que me encuentres,
En los ojos misteriosos de una plateada luna primaveral.
Pueda ser que me encuentres,
Como al café, en tu resaca matutina de un verano de guitarreada.
Pueda ser que me encuentres,
Sin notarlo, para evitar presagios de sacudidas pasadas.
Pueda ser que no te halles en mis versos vulgares.
Pueda ser que te recuerde en un beso de nicotina y sueño.
Pueda ser que mi alma se escape, se vuele hacia vos,
Y te haga sonreír en un abrazo inesperado como el que nos dio el
sol..
Pueda ser que no llore hoy,
Viendo la lluvia desdibujada de murciélagos en mi cama.
Pueda ser que te inunden los colores y en toda ocasión
Amanezcas y anochezcas rodeado de una cómplice satisfacción.
Pueda ser que tu voz deje de ser un omnisciente narrador,
De mi vida de asfalto y temor.
Pueda ser que me entiendas, aunque sea una última vez…
25 de Marzo
Sobran los fantasmas,
Y se dan el lujo de revolotear por la habitación
04 de Mayo
El paisaje y el panorama es el mismo, con la eventual diferencia
de la ausencia de murciélagos por el frió.
Continúan las pesadillas acuclilladas al pie de la cama, esperando
prudentemente el momento de asaltarme en la profundidad de un sueño, del cual
me despejo obligatoriamente con la primeras alarmas. A continuación drenan en
la bañera, y por si aún no me las sacudí de encima, me las desayuno con el café
¡Ah! Pero ellas insisten… y me las fumo en uno, dos, diez cigarrillos. Y parecen
desvanecerse, son humo y se van con el viento. Más aún el mismo las trae y
entonces las llevo en el morral a la facultad.
Suerte de caminar con música por si gritan o se quejan de ir
apretadas; yo nada que escucho. Entonces se creen astutas y salen cuando saco
el anotador, se sientan a mi alrededor. Pero las ignoro. De ninguna manera
consigo volver a guardarlas, por lo tanto caminan conmigo a casa; me observan
cuando cocino. En vista de que no sugieren
ninguna buena receta las llamo al silencio. Y utilizan un recurso, las
muy bobas lo consideran hostil, se mezclan con las canciones que de cualquier
modo canto. Proceden a ofuscarse y sentarse conmigo.
Una de ellas, violenta, pone su mano en mi garganta, la bloquea
con un nudo, entonces le sonrío ¡Como lo detesta! Y me suelta. Las otras,
igualmente tontas, me condimentan la comida con nostalgias, fantasmas, muchas dudas pero
ninguna certeza ya que suelen caer pesadas.
Ilusas, ingiero todo. Corto con los de adelante, desgarro con los colmillos, trituro con los molares; todas
y cada una de ellas se retuercen, me disgusta, pero las paso con agua. Siempre
es buena para borrar el recuerdo amargo de su indignante sabor.
Y ellas… ellas saben que viene a continuación. Por eso se largan a
esperarme exactamente al mismo lugar de la cama; es que el bolso de tarde, de
paseo, de militancia, de película barata, de mates reflexivos y encuentros distraídos;
es muy pequeño. Una vez dentro el celular, cigarrillos y llaves, no hay lugar
para más.
Finalmente, aunque tarde, vuelvo y una de ellas, la constante, está
sentada mirando su reloj como forma de reprocharme y dice, según ella, que
estuvo esperándome toda la tarde. En vista de que no le debo ninguna
explicación callo, pero estoy agotada, le permito hostigarme mientras cepillo
mis dientes por si quedó del almuerzo alguna duda, nostalgia o fantasma.
Me recuesto, la dejo agazaparse para luego dominarme, quebrarme.
Entonces, Él camina dentro de la habitación, comprueba lo
sospechado, la cama es para dos, se recuesta a mi lado y para mis pesadillas no
queda ya opción, es inútil esperar que duerma hoy.
15 de Junio
Solía tener una pena, dulce y tierna,
A la vez dolorosamente perversa.
Y me visitaba, siempre de sorpresa.
A veces no tuve tiempo de atenderla, pero ella esperaba,
Con una sonrisa cómplice de satisfacción,
Convincente.
Tomaba impulso y se dirigía, precisa y eficaz.
Desgarraba mi garganta, hacía estallar en mil cristales pequeñas
lágrimas.
Y ese dolor ¡Ah! Ese dolor. Inevitable adicción.
Pena seductora como ninguna, avasalladora de mis jornadas.
Han pasado semanas de que la esperaba en calma,
Sin apuros, nos habíamos jurado fidelidad y constancia.
Y de repente me golpea una súbita abstinencia para darme cuenta
¡Cuánto tiempo sin verla!
Procuré el ambiente y la ocasión.
Sobradas chances de llegar voluntariamente.
Ante el eco de su ausencia la invoqué,
Fui a aprehenderla brutalmente, la tomé en esencia,
Violentamente y de su rincón.
Me negó la mirada y hasta incluso osó escupirme la cara.
Batallaba por desprenderse y nada tenía coherencia en mi mente.
No fue hasta que se hubo librado que noté el daño que le había causado.
En poco menos de 30 segundos
Yo le había decorado los brazos
Con violáceos cardenales púrpuras.
Sabiéndome un monstruo, asumiendo su rechazo,
Pretendiendo redimir mi culpa
He lapidado mi inconsciencia ante tal renuencia
Prometiendo solemnemente no volver a FORZAR MI PENA.
01 de Julio FIN
Nadie te abre la puerta, mudé de casa.
Nadie te atiende el teléfono, mudé de
número.
Nadie te piensa, mudé de mente.
Nadie te recuerda, mudé de memoria.
Nadie te extraña, mudé de añoranzas.
Nadie te conoce, mudé de historia.
Nadie te sueña, mudé de inconsciente.
Nadie te cree, mudé de mentiras.
Nadie te lee, mudé de autor.
Nadie te ata, mudé de cuerda.
Nadie te consume, mudé de vicio
Nadie te camina, mudé de pies.
Nadie te toca, mudé de manos
Nadie te escucha, mudé de oídos.
Nadie te mira, mudé de ojos.
Nadie te besa, mudé de boca.
Nadie te sabe, mudé de gusto.
Nadie te siente, mudé de piel.
Nadie te vuela la cabeza, mudé de cien.
Nadie permanece, mudé de eternidad.
Nadie existe aquí, mudé de ser.
Nadie te odia, mudé de rencor.
Por último, nadie te ama, pues hasta he llegado a mudar de alma.
sábado, 25 de mayo de 2013
Y esto será siempre así...Quedándote o Yéndote
O yendo de la cama al living, del living al patio y así vamos inhalando nicotina, exhalando lagrimas. Que derrota! o muevo ese espacio y cambio el sentido y es lo mismo. Me voy o me vuelvo? Es este mi lugar o el otro? Y mi hogar? Y mi vida? Cuál es y dónde? Y la aborrecible decisión de reagrupar el equipaje sin llevarme todo lo que traje. Bien que mal me llevo algunos libros, nunca míos. Nada nunca es mío, ni siquiera el aire que respiro. Ah catarsis, saldría mejor con un vino. Y quizás añadiría unos de los miles poemas que guardé el cajón en Córdoba junto con las grullas, pero ¿Qué va? Eso nunca va a pasar. Las voces gritan "lo mejor es olvidar, tu vida ni siquiera es acá" y es verdad.
"_Entonces ¿Cómo? ¿Guardo la ropa de abrigo y dejo un grito, de esos que superan los 15 kg permitidos? _Si nena, hay que hacer lugar. Todavía hay que guardar la comida, dejá el amor, que no se come. Y no te olvides la plata, priorizá. Madurá nena, madurá, hay que saber soltar."
Pero ¿No hay que querer saber soltar? Y mejor asegurar la música, sobre todo si es ruidosa y tapa los pensamientos que van a desbaratarse en 15 horas de viaje. Y un libro o 6, "esas historias no son ciertas" pero vamos que la mía tampoco lo fue.
Me largo, no sin penas, quizás alguna gloria... pseudo gloria... cuasi gloria...
"_Entonces ¿Cómo? ¿Guardo la ropa de abrigo y dejo un grito, de esos que superan los 15 kg permitidos? _Si nena, hay que hacer lugar. Todavía hay que guardar la comida, dejá el amor, que no se come. Y no te olvides la plata, priorizá. Madurá nena, madurá, hay que saber soltar."
Pero ¿No hay que querer saber soltar? Y mejor asegurar la música, sobre todo si es ruidosa y tapa los pensamientos que van a desbaratarse en 15 horas de viaje. Y un libro o 6, "esas historias no son ciertas" pero vamos que la mía tampoco lo fue.
Me largo, no sin penas, quizás alguna gloria... pseudo gloria... cuasi gloria...
martes, 25 de diciembre de 2012
Me arrepentí
Había escrito un monologo bastante estúpido y quejumbroso.
Pero prefiero dejar un par de cosas que me guardé porque consideré más adecuado e importante incluirlas en este espacio.
Pero prefiero dejar un par de cosas que me guardé porque consideré más adecuado e importante incluirlas en este espacio.
Y con esto, me deslizo a mi habitación bien ambientada con unos sahumerios cítricos que siempre me rehusé comprar (puro prejuicio) y que, para mi sorpresa, me encantaron (Muchas gracias). A fumar el último cigarrillo y finalmente dormir.
Arrivederci
Atte: Peluca
domingo, 23 de diciembre de 2012
jueves, 20 de diciembre de 2012
La sociedad y las máscaras
Es una lástima y al mismo tiempo un placer estar en pleno diciembre abrigada, leyendo un libro y tomando café. Es algo que nunca dejo de disfrutar pero al ver el calendario me parece irreal. En fin, del mismo modo que las personas sacan conclusiones en la sobremesas, yo experimento ciertas ideas en el sobre sueño. Como esta que voy a intentar narrarles a continuación:
Esta era una ciudad como cualquier otra, situada un poco al norte, un poco al sur, un poco al este y un poco al oeste de cualquier lugar. Sus habitantes eran como lo son en todo el mundo. Vivían su vida en base a aparentar, conservaban máscaras invisibles, defendían falsos ideales, profesaban filosofías de vida que no llevaban a cabo, etc. Si quieren entender mi idea, siéntense en una vereda a observar la humanidad y sólo entonces lo comprenderán, o prendan un televisor.
Así se manejaba la población, tenían estereotipos para vestir, otros para dialogar apropiadamente, programas de televisión de los que hablar, simulaban ser robots para encajar.
En fin, Ramiro tenía por costumbre denunciar estas actitudes y repudiarlas constantemente sin recibir más que la ignorancia de su alrededor y ser excluido por “equivocado”.
Esa tarde se encontraba en el Sierra discutiendo con el cielo su razón de ser, preguntando porque nadie escuchaba. Es que Ramiro tenía esa creencia de que el único que entendía podía ser el cielo, pero no el cielo en cualquier momento, si no cuando este moría al ocaso. Le depositaba tanta fe, que este le otorgaba todo cuanto pedía, ya que nunca se trataba de algo material. Aquel atardecer él lanzó suplicas y dijo “Quiero que se den cuenta, quiero que sean reales”.
Al otro día algo muy extraño sucedió. Las personas no podían mirarse a la cara. Ocurría algo similar a la repelencia de dos cargas distintas (positiva-negativa). Entonces cuando alguien se acercaba a otra persona para hablar, su cuerpo giraba sin poderse evitar, dando la espalda. Si sus ojos quedaban de frente a alguien, estos sentían magnetismo al suelo, y no podían hacer más que fijar su mirada allí.
Se imaginaran que esto complicó las cosas. Las parejas sólo podían besarse la nuca, la gente tenía que gritarse al estar de espaldas para ser escuchadas, terminaban el día con dolor en el cuello por estar mirando tanto tiempo el suelo, algunos se aislaban por que no lo podían tolerar. Y así sucedieron los días y corrieron las noticias a la espera de alguna solución.
Un día finalmente llego un brujo de algún lugar de por allá. Dijo que había una especie de maleficio pero que este no tenía intenciones de mal, al contrario, todos saldrían de esa situación cuando comenzaran a ser quienes en verdad eran.
El proceso constaba en decir lo que en realidad se pensaba, vestirse como en realidad se quería, reaccionar a los instintos, hacer algo de real interés, en fin, empezar a ser fieles a sí mismos.
Los que más tiempo tardaron fueron los más pendientes de aparentar, quienes no querían destrozar su imagen durante tanto tiempo elaborada. Se creyeron astutos y pensaron “yo lo hago, total después vuelvo a ser una persona bien, como se me conoce”.
Pero eso no era posible, finalizado el proceso cada uno estaba tan encantado con ser ellos mismos, que no sintieron necesidad de volver a aparentar. El cielo les devolvió su condición, ahora si tenían el derecho de mirarse a la cara, AHORA eran reales y sus máscaras habían caído. En el rostro de Ramiro se dibujó una amplia expresión se satisfacción y aquel retraído social nunca volvió, no era necesario. Se sentía feliz y a gusto, como la mayoría allí.
Así se manejaba la población, tenían estereotipos para vestir, otros para dialogar apropiadamente, programas de televisión de los que hablar, simulaban ser robots para encajar.
En fin, Ramiro tenía por costumbre denunciar estas actitudes y repudiarlas constantemente sin recibir más que la ignorancia de su alrededor y ser excluido por “equivocado”.
Esa tarde se encontraba en el Sierra discutiendo con el cielo su razón de ser, preguntando porque nadie escuchaba. Es que Ramiro tenía esa creencia de que el único que entendía podía ser el cielo, pero no el cielo en cualquier momento, si no cuando este moría al ocaso. Le depositaba tanta fe, que este le otorgaba todo cuanto pedía, ya que nunca se trataba de algo material. Aquel atardecer él lanzó suplicas y dijo “Quiero que se den cuenta, quiero que sean reales”.
Al otro día algo muy extraño sucedió. Las personas no podían mirarse a la cara. Ocurría algo similar a la repelencia de dos cargas distintas (positiva-negativa). Entonces cuando alguien se acercaba a otra persona para hablar, su cuerpo giraba sin poderse evitar, dando la espalda. Si sus ojos quedaban de frente a alguien, estos sentían magnetismo al suelo, y no podían hacer más que fijar su mirada allí.
Se imaginaran que esto complicó las cosas. Las parejas sólo podían besarse la nuca, la gente tenía que gritarse al estar de espaldas para ser escuchadas, terminaban el día con dolor en el cuello por estar mirando tanto tiempo el suelo, algunos se aislaban por que no lo podían tolerar. Y así sucedieron los días y corrieron las noticias a la espera de alguna solución.
Un día finalmente llego un brujo de algún lugar de por allá. Dijo que había una especie de maleficio pero que este no tenía intenciones de mal, al contrario, todos saldrían de esa situación cuando comenzaran a ser quienes en verdad eran.
El proceso constaba en decir lo que en realidad se pensaba, vestirse como en realidad se quería, reaccionar a los instintos, hacer algo de real interés, en fin, empezar a ser fieles a sí mismos.
Los que más tiempo tardaron fueron los más pendientes de aparentar, quienes no querían destrozar su imagen durante tanto tiempo elaborada. Se creyeron astutos y pensaron “yo lo hago, total después vuelvo a ser una persona bien, como se me conoce”.
Pero eso no era posible, finalizado el proceso cada uno estaba tan encantado con ser ellos mismos, que no sintieron necesidad de volver a aparentar. El cielo les devolvió su condición, ahora si tenían el derecho de mirarse a la cara, AHORA eran reales y sus máscaras habían caído. En el rostro de Ramiro se dibujó una amplia expresión se satisfacción y aquel retraído social nunca volvió, no era necesario. Se sentía feliz y a gusto, como la mayoría allí.
De vez en cuando alguno se traicionaba y se lo veía caminando de espaldas y mirando el suelo pero con los días se restablecía la fidelidad y el cuerpo volvía a funcionar.
Y fue así la ÚNICA manera de vivir.
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