martes, 30 de octubre de 2012
VI
Sé que tú me sientes deambular en tu consciencia
Oyes cómo retozo por la pradera
con tus manos y con las mías
superpuestas en el aire que rueda al caer tu párpado.
Ves también que hay un milagro tuyo
Se abre junto al intenso pétalo de la luna.
Tu ropaje se ha trastocado con mi visita
y se esconde como una anémona que agoniza
sin extrañar la vida.
Vida que le damos tú y yo en este infinito descanso,
este laberinto que nos desnuda
y yergue a nuestras ansias,
luces ebria ya del vino de su estío perpetuo.
Almas a solas en su descabellado pedido.
Pero he vuelto a la placidez de mi mano,
ese sueño que se acomoda para acariciarte.
Ya no temo que un súbdito girar de su dedo ocre y deforme
haga trizas el rasgo de tu pausa.
/Guitarra Negra/
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