Bruno tiene la edad de la lluvia y canta con el viento.
Bruno tiene piel suave con sabor a ocaso primaveral.
Bruno trepa el techo, baja las escaleras y entra por la ventana
a la desnudez de mi habitación.
A veces me ama hasta las 16:00.
Bruno conoce los recónditos de mi alma
y me habla en un lenguaje que no existe.
Bruno me lleva de la mano a recorrer ese mundo de papel.
Sus ojos siempre están tristes.
Bruno no sabe la verdad,
yo sólo lo envuelvo en las dulces mentiras.
Bruno no me habla, nuestra comunicación es mental.
A veces se cansa, se exaspera y me vuelve a buscar.
Bruno sabe que a veces no lo voy a necesitar
entonces su ser se nubla y precipita en besos al azar.
Bruno se inventa, me reinventa, nos describimos en una canción
y decaemos en mi habitación.
Su luminiscencia rompe en destellos mi corazón
cuando dice que le duele verme hoy, ayer no llamó.
Bruno tiene una guitarra que combina con su largo pelo.
Su pelo es bruno, bruno como su nombre,
a veces sus palpitaciones son brunas cuando nota mi ausencia ocular.
Bruno no escucha mis gritos ahogados, se limita a ahogarse en mi.
Me abraza como un cielo etéreo y calla mi voz con un gesto atroz, un beso violento.
Bruno sabe que no lo describo,
se muere si se lo digo pero agoniza hasta entonces.
Y sabemos que nuestra relación no rima
así como tampoco esta menester poesía.
Nuestro mundo perdió su vida.
Bruno me vuela la cabeza en pedazitos de estrellas,
y me espera en este mismo instante.
Bruno se tapa con mi piel, sabe que no hay otro abrigo,
no necesita este frío, no.
Bruno sabe que llueve cuando lo pienso,
vuelve a bajar los peldaños,
se encierra en mi recuerdo,
hasta el alba eterno,

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