lunes, 12 de noviembre de 2012

Papel Amarillo

Hace ya bastante tiempo pasé toda una noche filosofando sobre diversos aspectos de la vida con una persona. Le mostré una de las canciones que no dejan de gustarme a pesar de los años (Fake Plastic Trees), hablamos de la anatomía del cuerpo y su perfección, del cosmos, de política, de música, de la vida, los buenos momentos, y la lista continúa...
Cuando se fue, casi al amanecer, me encontraba sumida en las penumbras de mi habitación, quizás el último tema debatido eran fantasmas o algo por el estilo porque sentía miedo y entonces escribí lo que a continuación voy a transcribir de una hoja que acabo de encontrar:

EL MIEDO
La mente asocia el miedo con la oscuridad, es decir, la vulnerabilidad de estar sumido en las sombras, no percibir con claridad los objetos alrededor y la vista periférica dándole forma de cosas que nos aterran a simples percheros, mochilas, montañas de ropa. Estar en la oscuridad explota la imaginación en nuestra contra generando personas e imágenes con objetos de los cuales no percibimos más que la silueta, agudizar el oído hasta percibir sonidos que no sabes si son de tu TV, cuerpo o si simplemente los imaginas. El momento de lucidez y razón para tranquilizar "esto lo estoy inventando, no hay nadie haciendo ruidos más que yo y eso no es un fantasma, es mi placard".
La protección que se siente cuando amanece y el canto de los pájaros, sentir "estoy a salvo" pero ¿De qué?¿De los fantasma, los monstruos? NO, estoy a salvo del estímulo que la oscuridad le da al desborde de mi imaginación.

Realmente extraño los análisis elaborados y las mentes trincadas. Al final de la hoja, tenía una especie de temario:
*Las fotos/congelar momentos
*Los ojos, la capacidad de ver. el juego mental que influye en la visión de las cosas
*¡Carajo! los espejos.

Y los comentarios:
"No puedo dejar de pensar que estoy en la mente de una ABEJA" (Pancho esta loco)
"Deberíamos tener una revista, una radio y/o un blog. Pero primero estudiar inglés -.-"

Necesito volar mi mente y necesito hacerlo ya, sin que las abejas en cuya mente quizás vivimos dejen de espantarme cuando se acercan y rompen mi armonía de estar fumando sentada en la ventana de mi habitación.

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