lunes, 12 de noviembre de 2012

Sueño adentro de otro sueño de otro sueño de otro sueño... y el despertar.

Y así se había despertado, o al menos eso creía. Confusa y opaca. Afuera corría viento. A pesar de que la mayoría de la gente recordara sus penas cuando llovía, ella lo hacía con las prominentes ráfagas. La extasiaban. Y esto no la hacia especial. No la hacía nada especial.
La casa estaba desolada, no recordaba donde estaba su madre, intentó pensar que estaba de viaje y decidió ir a pie al colegio.
Para su sorpresa, y eso que no tenía fiebre, no podía vislumbrar la cara de la ciudad ni de sus habitantes. Todos les parecían bollitos de papel arrugados  moviéndose sin ninguna gracia impulsados por un viento predestinado... por ellos mismo."¡Que triste!" pensó, "sus vientos personales traen incorporados modernos GPS, se olvidan de la sorpresa de lo incierto". Los que no eran bollitos, traían hilos atados a sus sombras, hilos manipulados por mentes de adultos y entonces repitió en su fuero interno "¡Que triste! esta gente no conoce las tijeras de la libertad". Y la mañana continuó siendo abrumadora, su alrededor hablaba de costuras y zapatos, de despedidas sin sentido. Todo esto la parecía muy distante a lo último que recordaba.
Llegó a su casa, aún desolada y decidió dedicarle algunas lágrimas al viento. El aire era gélido a pesar de las altas temperaturas que corrían de la mano del mismo. No recordaba el día anterior, ni el anterior, ni el anterior. Le parecía extraño, su memoria era un peligrosa arma cronológica. Decidió que todo era realmente raro y se propuso reposar y recordar. Entrado el sueño sintió los dedos de sus pies palpando el césped ¿Sería el mundo de plantas que había imaginado? No, ya le habían dicho que eso era mentira. Entonces cambio el tacto a arenas, hundió sus dedos, se sumergió en el canto de las hojas, elevada por una profunda paz, sintió sus voces conocidas llamarla desde la orillas, había fuego y guitarras, y un ocaso. Entonces la visión se volvió abrupta, se despertó entre gritos y una persona hecha de montañas de ropas le dijo "Ya no podes vivir ahí, tu mundo no existe y esto es real, los bollitos y los títeres, no lo olvides" se desplomó en el suelo casi intangible, la cabeza le daba vueltas, sentía las sacudidas desde todas las direcciones.
La despertaron sus viejos amigos, los colores que habían escapado de la caja y ahora la acompañaban en el techo. Le hablaron suavemente, pues acababa de despertarse. Entre gritos y espasmos narró su sueño y preguntó si toda la bruma de la ciudad era real, si mentira era su realidad, o la realidad distaba del olor a piel, las hojas de un libro, el ritual y la esencia. El naranja la abrazó y le dijo "Todos se ríen cuando hablas con nosotros, van a intentar convencerte de que no es real, eso es para que vivas en su mundo, pero su mundo no existe, esto existe y ESTO ES REAL, no lo dudes. NUNCA LO DUDES" 
Jamás comprendió cuando despertó ni cuando durmió, sólo escogió una realidad y la tomo como vida. A partir de ese momento las pesadillas aparecían de vez en cuando, algún día de viento, pero no faltaba su ocaso ni el naranja alimentando su propio Cristo, su propia fe, el mundo propio, el único real y tangible, en el que vivía rodeada de soles, música, verdes, sueños e inciensos. Y jamás hubo vestigios de soledad montada en su rayo y aferrada a si misma, su cielo interno, su alba eterno. 

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